Silencio mudo: un nudo en la garganta impide hablar. Estalla a veces con lágrimas y gritos, pero no tiene palabras para decir.

Silencio denso del olvido: su expresión más clara: la falta de nombre en una tumba cubierta de hojas en otoño. Algunos sabemos que vos exististe, pero no sabemos por qué no pusieron tu nombre. Alguien quiso borrarte desde siempre.

Silencio triste: un manto que te llega a los pies que invade, los ojos se agrisan, el cuerpo se agrieta. Un ovillo para protegerse de ese silencio invasivo.

Silencio desesperanzado: una palabra de amor que no llega… Si se intenta pedirla allí mismo muere.

Silencio del encierro: el ruido aturde los oídos. ¡Nada! ¡Eso se escucha! Palpita, grita. ¡Se convierte en el silencio tridente en el medio del pecho!

Pero hay un silencio dulce, quizás el único que rescato, el de la siesta es un silencio esperado, los chicos se fueron y hay calma. Deja entrar los aromas frescos de la tarde.

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