Reunión:
f. Acción y efecto de reunir. F. Conjunto de personas reunidas.

Reunir:
Tr. Volver a unir. Juntar, congregar, amontonar. Juntar determinadas cosas para coleccionarlas o con algún otro fin…

El diccionario es un lugar donde podemos buscar sobre el significado de las palabras. Buscamos para ver si nos ayuda a entender. Creemos que iluminará nuestras dificultades idiomáticas. Palabras simples, se vuelven incomprensibles.

Se trata de un fenómeno que se repite año tras año. Existen las fechas importantes donde las familias se reúnen, se juntan, se amontonan… Se sientan alrededor de la mesa a comer y cuando se come hay que decir algo, para que no se escuche el ruido de los cubiertos o los cliqueos de los celulares (Que nunca se apagan, por algún temor que desconozco… quizás caerse del mundo porque se puede detener intempestivamente).

Están los parientes cercanos, con los que uno se puede ver más seguido, con ellos la fiesta es una oportunidad para verse, reunirse, hablar, discutir, si fuera necesario. (Política, cocina, física y psicoanálisis). El comerciante siempre es el experto en todos los temas… Evidentemente están los que la tienen más grande… por portación de billetera… Pero es la sal y pimienta de todas las reuniones. ¡Truco! ¡re-truco! ¡Quiero vale cuatro!

Están los parientes heredados y rotatorios: se muere una tía vieja, tenemos una prima lejana de remplazo, que aparece de un día para el otro. Se hacen las presentaciones en el momento porque no sabemos ni su nombre: Rosita, Juanita, Abelarda… Da lo mismo: la silla sigue ocupada, hasta nuevo aviso no hay más reemplazos. Como en el futbol, los cambios son limitados en cada fecha.

Nos juntamos, nos congregamos, nos amontonamos… Qué colección!

El momento de sentarse a la mesa es un momento, suavemente tenso… hay un cálculo de cómo hay que sentarse. Los lugares no son asignados previamente, es evidente que sería de mal gusto hacer esto en una casa. (Sólo se admite en fiestas en salón). Comienza el ballet alrededor de la gran mesa, los más chicos se sientan en cualquier lado, es ajeno a ellos, el problema del lugar. Nadie se quiere sentar al lado del invitado inconveniente… El que se lleva mal con toda la familia, pero que fue igualmente invitado, todos se preguntan por qué. El que lo invita, el dueño de casa se sienta al lado de él. Pero las personas sentadas en una mesa repleta de gente tienen dos lados… A alguien le toca… un chico desprevenido… que en la próxima reunión estará más atento a la hora de sentarse a la mesa.

La tercera edad recuerda momentos felices, las vacaciones con los hijos… Las únicas que hubo… Se hablan en tono cariñoso, critican las pequeñas faltas de sus hijos cuando eran pequeños. Todo hace pensar en un matrimonio bien avenido… Las apariencias engañan… Escándalos, cuernos, hijos no declarados. Separados desde 1969, divorciados ¡jamás! Lo último que se pierde es el apellido de casada, la dignidad de una señora, de la señora DE, sí con mayúscula, la otra es una cualquiera. (Que hace más de cuarenta años convive fuera de la ley…) y tiene unos nietos divinos.

¡Nena! Tenés que venir a casa, así te paso la receta del Guefilte! ¿No me la voy a llevar a la tumba? ¿No? “Nena”, piadosamente acepta la invitación… Todos saben que no se comerá más el mejor guefilte de la familia: ¡la mejor receta se fue a la tumba! Alguien puede salvarla: el que todavía recuerda el gusto… un poquito más dulce, un poquito más blando, la cebolla doradita adentro, pimienta cantidad necesaria… Sólo sacar del horno cuando se forme su costra dorada… Tiene su aroma y su voz: “Ay! ¡Qué boluda que sos!”… “Para que salga bien, hay que pellizcarlo y probarlo cuando está crudo”…

¿Qué hacemos las mujeres? Charlamos en la cocina cuando la cosa se pone tensa o cuando nos aburrimos, nos sacamos los zapatos que nos aprietan… Sí, las mujeres tenemos esa particularidad, encontramos espacios de intimidad para charlar en cualquier parte: puede ser desde un baño de un lugar público (siempre que esté limpio y tenga buenos espejos), un bar, un colectivo o como dije antes la cocina de la casa: mi lugar preferido. Nos peleamos por lavar los platos, a nadie le gusta, pero ese día, estamos todas dispuestas. Es una competencia de abnegación, rapidez y pulcritud. Es la excusa para salir de esa mesa, que se puso espesa. ¡Ya no los quiero escuchar! ¿De qué hablamos las mujeres? No se los pienso decir, es un secreto.

Cuando la reunión se desgrana, se van los rejuntados, sólo quedan algunos… Los pies descansan sobre un sillón. El clima se pacifica, alguien pregunta algo más personal, alguien reparte las sobras… El resto se tira a los cuervos.

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