El encierro, el trabajo desde las casas, la escuela de los chicos en el mismo lugar. La falta de intercambio con los pares. Las videollamadas no reemplazan la vida social. La preocupación por enfermarse como una nube que aparece en el pensamiento de muchos. Todo eso provocó un desorden generalizado! vamos viendo lo importantes que son los ritmos de entrada y salida de las casas. Las fronteras entre una actividad y otra. La circulación. Entrar y salir de la casa, caminar por la calle. Tiempos de presencia alternados con otros de ausencia. Entrar y salir. Saludarse! Tener algo para contar. Alegrarse por volver a ver a los hijos o a la pareja. Un efecto de agua estancada. Vuelvo a valorar la circulación, el intercambio, el movimiento, la charla.
La salud se compone de muchos aspectos. Es claro que hay que cuidarse de enfermarse de una enfermedad grave como el Covid y cuidar a los otros. Vi en este tiempo personas que se deprimieron por el encierro excesivo. Cuando permitieron salir no pudieron hacerlo. Algunos engordaron excesivamente con posibles consecuencias para su salud. Muchos dejaron sus controles anuales, otros dejaron la actividad física. El dentista no me acuerdo para que era! Y mil ejemplos más! Veo parejas que no logran equilibrar las tareas cotidianas de trabajo, hijos, y tareas domésticas. Crisis que se repiten en las casas y sobre las que tenemos que trabajar y encontrar soluciones viables caso por caso, sin quedar aplastados por un discurso que aborda un foco único.
Nuestra tarea es trabajar en la complejidad y los múltiples aspectos que hay que atender. Desenfocar para poder observar mejor.

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